Tolerancia a la frustración

¿Qué sentimos cuando no alcanzamos nuestros objetivos? ¿Cómo manejar el malestar que se produce cuando no obtenemos lo que queremos? ¿Nos cuesta esforzarnos en algo cuando la meta queda lejos?


La tolerancia a la frustración está en la respuesta a las preguntas anteriores. La frustración es una respuesta emocional universal. Está relacionada con la ira y la decepción, surge cuando no cumplimos nuestra voluntad, deseos o expectativas.

Las personas ponemos a prueba diariamente nuestra tolerancia a la frustración.

Buscamos en todo momento cumplir nuestras expectativas, ya sean realistas o no; además en el menor periodo de tiempo. Llegar tarde a un lugar porque hemos cogido un atasco, que no se vote en una asamblea de vecinos lo que nosotros consideramos mejor para la comunidad, que nos pongan una multa o que no nos reconozcan un trabajo bien hecho, son ejemplos del dia a dia que ponen a prueba nuestra frustración.

Cuando nos sentimos frustrados, podemos actuar de un modo agresivo o pasivo, aunque se ha comprobado en numerosos estudios que la frustración tiene relación directa con la agresión. El problema no es el dolor que nos produce el no conseguir algo, sino nuestra reacción ante este dolor. La frustración forma parte de la vida, como la alegría la tristeza o el placer, y depende de nosotros el saber manejarla.

Aprendemos a manejar las frustraciones desde niños, imponiéndonos de forma cariñosa normas y límites, los padres van demorando nuestras gratificaciones con el fin de entrenarnos a tolerar la frustración que produce el no tener lo que queremos. Nos enseñan a “esperar” y a “perder”.

De no ser así, de haber conseguido todo fácilmente y al momento, seremos adultos que necesitarán entrenar la tolerancia a la frustración.

El malestar y el sufrimiento son desagradables pero no insufribles y podemos aprender a afrontarlos con diversas técnicas psicológicas. Siempre practicando la autoconsciencia, ser consciente de cómo funciona nuestra mente, los pensamientos relacionados con la frustración.

El carácter desapacible de esta emoción es igual para todas las personas, la respuesta a esta emoción es lo que varía de unos a otros, de ahí ver los mensajes que produce nuestra mente en torno a los episodios frustrantes. Las creencias que sostienen estos pensamientos pueden generar desde cierto malestar hasta una furia incontrolable; diferenciamos en las personas alta tolerancia a la frustración y baja tolerancia a la frustración.

Un ejemplo de baja tolerancia a la frustración sería el de un jugador de futbol al que roban el balón cuando está a punto de hacer una buena jugada, y arremete seguidamente para hacer una falta al contrincante.

Las personas con alta tolerancia a la frustración toleran mejor las situaciones negativas porque consideran que la vida no les brinda las cosas fácilmente, hay que trabajárselas y que en ese camino de trabajo pueden ocasionarse muchas dificultades y obstáculos a superar.

Los que tienen baja tolerancia a la frustración consideran que la vida ha de ser fácil y cómoda, por lo que cualquier circunstancia adversa que les ponga difícil su objetivo, les proporciona un mal estar importante que les resulta complicado de apaciguar.

La persona con alta tolerancia a la frustración optará por soluciones más adecuadas para resolver problemas y de no tener la solución, gestionará mejor las emociones desagradables que surgen de no haber cumplido su voluntad.

 

Las personas con baja tolerancia a la frustración tienden a evitar situaciones, exponerse a cambios, o evitan ponerse objetivos y tratan de tenerlo todo bajo control, la disciplina y la constancia son cualidades que no se dan sin tolerancia a la frustración. La tolerancia a la frustración ayuda a las personas a que sepan gestionar la vida cotidiana sabiendo afrontar situaciones duras y combinarlas con altas dosis de motivación; y cuando esta no existe, la capacidad de reinventarse e ilusionarse también ayuda a tolerar las emociones de frustración cuando no nos salen bien las cosas que nos proponemos.

Las personas con baja tolerancia a la frustración tienden a la desmotivación más que las personas con alta tolerancia. La tolerancia puede trabajarse ya que ninguna emoción es estática, es cuestión de dar con el profesional adecuado y querer conseguir un objetivo por encima de todo comprometerse con el.

Revisar nuestro diálogo interno y ponerlo en duda una vez más en nuestra propia mente, puede ayudarnos a cuestionar nuestras creencias limitantes que nos dificultan practicar la excelencia que buscamos en nuestras vidas.