¿Somos altruistas por naturaleza?
El ser humano es un ser social, un individuo por sí solo no saldría adelante, necesitamos de la comunidad para sobrevivir. Un bebé depende de un adulto para salir adelante y adquirir el lenguaje. Desde que el ser humano existe ha convivido en grupo y eso ha garantizado su supervivencia y capacidad de adaptación. Los conocimientos se han ido comunicando de generación en generación y así nuestro conocimiento del mundo y nuestra capacidad de adaptación se engrandece y acumula.
No existe un Yo sin sus circunstancias. Lo que cada uno es, depende de cómo nos relacionamos con otros individuos y su influencia en nosotros, desde que nacemos y hasta que morimos. Cada uno forja su carácter y personalidad a través de sus propias experiencias y relaciones tempranas. Éstas influyen en las creencias, patrones de conducta y estilos de relación en el adulto.
Cuidamos a nuestros iguales. Es una conducta social adaptativa y evolutivamente necesaria. Esto se explica por una combinación de factores psicológicos y sociales: la empatía, la compasión y el sentimiento de pertenencia a una comunidad son motores importantes de la conducta altruista. Además, el ayudar nos genera una sensación de bienestar que refuerza nuestra autoestima. Al ayudar a los otros estamos perpetuando nuestra comunidad a la que necesitamos para sobrevivir. La empatía es una respuesta innata, biológica y social que hace que fortalezcamos nuestras redes sociales y nuestro sentimiento de pertenencia al grupo. Además, produce bienestar en el momento en el que ejercemos la conducta altruista. Es común encontrarse en situaciones donde alguien se cae en la calle y muchas personas acuden a ayudar, o como hemos visto en las últimas consecuencias de las lluvias torrenciales, que acudían hordas de personas a ayudar desinteresadamente a los damnificados en la Comunidad Valenciana.
Pero, ¿por qué entonces observamos reacciones antisociales en algunos grupos de personas, tales como no dar auxilio a quien está en peligro?
La tendencia a cuidar y proteger a los miembros de nuestra especie se puede ver alterada por variables como: la situación en la que nos encontramos; las personas que nos rodean; si estamos entre una multitud o con pocas personas; o si conocemos a esas personas o no.
Desde el punto de vista de la psicología social se explica la influencia que tienen los grupos en nuestro comportamiento individual, haciendo que cambiemos nuestros patrones de conducta.
Explicamos a continuación algunos de los fenómenos psicológicos que explican cómo los grupos nos afectan individualmente y pueden reducir nuestra tendencia al altruismo.
Estos fenómenos están extraídos como conclusión de varios experimentos psicosociales llevados a cabo en Estados Unidos en la década de los años sesenta. En 1968 por Bibb Latané, de la Universidad de Columbia, y John Darley, de la Universidad de Nueva York, ambos psicólogos sociales, su propósito era estudiar experimentalmente qué hace que personas comunes, testigos de situaciones manifiestas de emergencia, no presten su ayuda.
Efecto de difusión de la responsabilidad
Cuando estamos en un grupo, tendemos a sentir que la responsabilidad de actuar se comparte entre todos. Esto puede hacer que cada individuo se sienta menos obligado a intervenir, pensando que alguien más lo hará. Este fenómeno se conoce como «diffusion of responsibility» o difusión de responsabilidad.
Desindividuación
En grupos grandes, las personas pueden perder su sentido de identidad personal y sentirse menos responsables por sus acciones. El individuo deja a un lado sus propios valores y creencias para adaptarse a los del grupo. La desindividuación puede llevar a comportamientos menos altruistas, incluso antisociales y criminales, ya que la persona no se siente tan responsable de las consecuencias de sus acciones.
Normas del grupo y presión social
Los grupos tienen sus propias normas y expectativas. Si la norma implícita o explícita no valora la ayuda o si la mayoría no ayuda en una situación, los individuos pueden sentirse menos motivados a actuar altruistamente para no desentonar con el grupo.
Efecto espectador
Este fenómeno describe cómo la presencia de otros puede inhibir la acción de ayudar. La idea es que cada persona piensa que alguien más intervendrá, por lo que no se siente la necesidad de actuar. Esto puede ser especialmente fuerte en situaciones donde la ayuda no es claramente requerida o en contextos ambiguos.
Teoría del aprendizaje social y conformidad
Las personas tienden a imitar las conductas del grupo y a conformarse con las normas sociales. Si en un grupo no se fomenta la ayuda o si la ayuda no es vista como algo importante, los individuos pueden dejar de actuar altruistamente para ajustarse a esas expectativas.
Estos efectos demuestran la gran influencia que tiene el grupo en el individuo, quien deja a un lado sus valores individuales para adecuarse al comportamiento esperado grupalmente. En resumen, existe más probabilidad de que actuemos en coherencia con nuestros valores individuales y ayudemos a alguien que lo necesita, si somos la única persona que está presente en una situación donde se requiera ayuda.
